miércoles, abril 18, 2007

Los minutos previos.


Nunca fui buen jugador de fútbol, más bien juego bastante mal. Obviamente esto siempre me valió ser mantenido en el banco de suplentes en cuanto torneo había tanto en la escuela como en el colegio.

Pero como siempre, sobre todo en la escuela primaria, había algún entrenador benévolo y caritativo (generalmente algún papá o el mismo profesor de educación física), y la intención era que juguemos todos, en algunas ocasiones era llamado para saltar al campo de juego.

Es difícil describir la sensación que tenía en esos minutos. Era como una mezcla de emoción, de nervios, de ganas de hacer un buen papel y por supuesto, de anotar un gol.

Esa sensación la volví a sentir en estos días en que estoy esperando que la embajada me pida los pasaportes. Es como si el entrenador me haya mandado a hacer el calentamiento previo y solamente estoy esperando el momento de ingresar a la cancha, hacer mi mejor papel y por qué no, anotar un golazo.

Detrás de mi hay personas que dependen de mis buenas o malas decisiones, detrás de mi hay gente a quienes puedo hacerles pasar tanto excelentes como malos momentos.

Pero esta vez es diferente. Esta vez me siento más optimista en cuanto a mi capacidad y en cuanto a mi destreza, pero más que nada en cuanto a la garra que pondré en el partido.

Sé que no voy de local. Sé que el estadio no corea mi nombre. Pero las ganas de poner todo de mí en la cancha están intactas y más fuertes que nunca.

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