Un tema sobre el cual he leído ya bastante en diferentes blogs de gente que migró o está por hacerlo es el que se refiere a la mala onda que de repente lanzan amigos y parientes respecto a esta decisión que tomamos.
Yo ya la había experimentado pero parece que cuando el tiempo de consumar tal migración está más cerca, esas personas aumentan el nivel de malas ondas.
He oído cosas como “Por qué quieren irse, si aquí están bien”, “ustedes no se conforman con lo que tienen”, “son mal agradecidos con lo que Dios les dio, hay gente que no tiene ni siquiera trabajo”, “allá los van a tratar mal, los van a discriminar”, “como se animan a dejar trabajos tan buenos”, “ustedes están locos”, “allá van a ganar lo mismo que aquí con un costo de vida superior”, etc.
Por estas y otras razones es que tratamos de limitar al máximo el número de personas que sabe de nuestro proyecto. Aún así, en ese grupo de personas se oye cosas como las que mencioné.
No se si vale la pena aclararlo de nuevo pero quiero hacerlo. El motivo de nuestro deseo de salir de este país al que queremos muchísimo NO ES EL DINERO. Nosotros no estamos pasando por una crisis económica actualmente. Tanto mi esposa como yo estamos trabajando bastante bien, pero como muchos dicen, el dinero no lo es todo.
Estamos llegando a límites que se están volviendo incontrolables en el Paraguay. Hablo de cosas como la inseguridad, tanto personal como jurídica. Paraguay no es un país creíble para invertir, la justicia es endeble, “coimeable”. Es un país donde no es posible proyectar algo porque no sabés como va a amanecer mañana. Lastimosamente, es un país donde la prepotencia, la viveza criolla, el compadrismo o chonguismo, el clientelismo político barato, los chupamedias, las infracciones a las leyes de tránsito, los peajeros, los piratas del asfalto, las instituciones públicas deficientes y corruptas, la educación pública ineficiente, la educación privada carísima al igual que la salud, las empresas que se aprovechan de sus empleados porque saben que no tienen mucho para elegir, o tomás ese laburo o estás en la calle, la obligación de estudiar ciertas carreras porque de otras no comés (esto por mis hijos principalmente) y tantas otras cosas que no escribo porque no habría blog que aguante, son el pan de cada día.
Estos son los motivos, no el dinero. Si yo quisiera ser rico o millonario, hace tiempo me hubiera metido a ser político trepador. Nosotros queremos, buscamos una sociedad más equitativa, con igualdad de oportunidad para todos, donde tu esfuerzo se vea premiado, donde puedas estudiar lo que realmente te guste y puedas vivir de eso. Donde veas en qué están siendo invertidos tus impuestos, donde puedas proyectar un futuro.
No se si Canadá nos dará todo eso pero estamos dispuestos a correr el riesgo. Por nuestros hijos y por nosotros mismos. Espero que pronto, muy pronto, cuando vaya a dormir tenga que revisar que la puertas estén bien cerradas (y no las rejas también) sólo para que no se meta alguna ardilla a la cocina.